Oportuncrisis: el impacto del COVID-19 en la digitalización del trabajo y la educación

Bienvenidos a una nueva entrada del blog de Atlas Consultora. Debido al impacto que la pandemia del COVID-19 está teniendo sobre el trabajo y la educación, lanzamos una serie de notas sobre cómo implementar herramientas de digitalización para continuar con nuestras actividades del día a día, sirviendo como punto de partida a nuevos procesos de mejora continua que involucren la incorporación de herramientas que nos ayuden a simplificar el trabajo y mejorar nuestra efectividad.

No caben dudas de que el mundo no estaba ni remotamente listo para ser golpeado por una enfermedad tan virulenta como lo es esta nueva cepa de coronavirus, por lo cual la humanidad entera se encuentra en la delicada posición de adaptarse rápidamente a grandes cambios que alteran el orden y estándares a los que estábamos acostumbrados. Sin duda el COVID-19 cambiará nuestra concepción de trabajo y educación. En este contexto de alta incertidumbre y dinamismo, uno de los principales desafíos al que nos enfrentamos es cómo hacer para continuar con nuestras actividades diarias en un contexto de distanciamiento social que nos impide acceder a oficinas, plantas, aulas y un enorme etcétera.

¿En qué contexto nos agarra el COVID-19 en el trabajo y la educación?

Sin embargo, esta situación tan particular que nos toca vivir se presenta en un momento de la historia en el cual la tecnología ha logrado conectarnos de forma rápida, dinámica, económica y segura, dejando al alcance de cualquier persona u organización la posibilidad de digitalizar las comunicaciones y “virtualizar” los espacios de trabajo/estudio en los que suelen darse los contactos e interacciones entre las personas.

Nuestro objetivo con esta serie de notas es ayudarles a conocer algunas de estas herramientas, contarles cómo las hemos estado utilizando durante este tiempo para seguir trabajando junto a clientes y alumnas/os, así como compartir algunos tips y buenas prácticas que hemos incorporado para hacer frente a las problemáticas y miedos más comunes asociados a la virtualidad.

Oficinas vacías y el fantasma del teletrabajo

Como profesionales que han formado parte de varias compañías en diferentes rubros, hemos experimentado de primera mano las dificultades y la reticencia de las organizaciones para incorporar el teletrabajo como una alternativa organizacional que pueda coexistir e incluso potenciar el desempeño clásico del trabajo presencial.

Muchas empresas (no todas, por supuesto) piensan al teletrabajo como una ineficiencia, o incluso una práctica imposible y, en general, suelen implementarlo a medias, considerándolo más como un beneficio para los empleados que como una opción válida que mejore la calidad del trabajo y la eficiencia de los procesos internos.

Como suele suceder, una parte importante de la resistencia a las modalidades de trabajo disruptivas a los formatos clásicos está asociada a la aversión al cambio, y a la noción de que el empleado sin control no se desempeñará de acuerdo a las expectativas de sus superiores. Sin embargo, nuestra experiencia (y la de miles de organizaciones a lo largo del mundo) indica que, a priori, no existen fundamentos ni asideros para tales aseveraciones, siempre y cuando la organización del trabajo y la asignación de las tareas se realice de forma inteligente y eficiente.

El impacto en la organización del trabajo

Con el objetivo de poder realizar una correcta organización del trabajo y poder comunicar, ejecutar y controlar un plan de acción diario/semanal/mensual, existe una gran variedad de herramientas disponibles en el mercado -algunas gratuitas, otras pagas- que permiten gestionar de forma ágil y visual la asignación y el avance de tareas a cargo de diferentes miembros de un equipo. A su vez, estas herramientas también permiten generar conexiones e interdependencias, asignar prioridades e incluso registrar y analizar los tiempos planeados y realmente utilizados para cada una de ellas.

Nuestra próxima nota (la segunda de esta serie) estará enfocada en la digitalización de los ambientes laborales y en cómo gestionar equipos de trabajo de forma remota. En ella les contaremos sobre algunas herramientas que nos han resultado sumamente útiles al momento de organizar y gestionar, tanto tareas diarias como proyectos de mediano plazo.

Profes virtuales y las clases con alumnos en pantuflas 

Otro de los grandes desafíos a los que nos hemos enfrentado durante estas semanas es a realizar una migración rápida de nuestras clases a modalidades online.

En este punto, debo reconocer que el desafío ha sido mayor que en el caso de la migración del trabajo, debido principalmente a que dictar una clase representa (al menos para mí) un enorme esfuerzo de concentración para coordinar de forma exitosa 3 factores claves:

  • El hilo conductor de la clase
  • La atención del auditorio
  • El pizarrón (o la presentación que a veces lo reemplaza/complementa)

Cada uno de estos elementos representa en sí mismo una tarea compleja de gestionar, incluso para aquellos con muchos años de experiencia dictando clases, por lo cual lograr controlar los tres en forma simultánea propone un desafío más que considerable, al menos si pretendemos lograr una clase de calidad que esté a la altura de las expectativas del alumnado (y de las nuestras también).

Aspectos a mejorar de las clases online

A la complejidad mencionada podemos sumarle ahora algunos de los principales argumentos en contra de las clases online:

  • La calidad de las comunicaciones: es imposible (al menos en la mayor parte de América Latina) asegurar la correcta conectividad de muchas personas en diferentes lugares, incluso tratándose de la misma ciudad.
  • La dificultad para obtener feedback de alumnas/os: como no se pueden ver las caras del auditorio (principalmente al compartir pantalla y/o utilizar un pizarrón virtual), es muy difícil detectar si los conceptos se entienden o no, ya que muy pocas personas se animan a utilizar el chat y/o micrófono.
  • La falta de dinamismo: la cara de las/os docentes hablando a la pantalla de la computadora durante toda la clase tiene suficiente poder sedante como para dormir a un elefante adulto.

Sin embargo, y tal como sucede con el teletrabajo, estos postulados pueden ser refutadas para la gran mayoría de los casos, haciendo un buen uso de las herramientas disponibles y realizando el correspondiente trabajo de preparación y adecuación de las clases a este nuevo formato, que presenta ciertas limitantes, pero ofrece al mismo tiempo nuevas oportunidades para quienes se atreven a dar el salto.

La tercera nota de esta serie estará enfocada en la digitalización de los espacios de aprendizaje, compartiendo con ustedes algunas herramientas y buenas prácticas que nos han resultado de mucha ayuda en esta transición. Además, les contaremos algunos aspectos claves de nuestra experiencia hasta el momento, con la esperanza de que les sirva para mejorar sus propias clases virtuales, o de puntapié para quienes aún no hayan podido lanzarse a esta modalidad.

Algunas (de mis) ideas sobre la virtualidad

El impacto del COVID-19 en el trabajo y educación han paralizado y, casi irónicamente, revolucionado la forma en la que el mundo se desenvuelve. En estas semanas la gran mayoría de nosotros ha experimentado importantes cambios en la forma en la que nos relacionamos con cualquier entidad que se encuentre por fuera de nuestros hogares, teniendo que recurrir a la digitalización de gran parte de nuestras actividades e, incluso, de nuestras relaciones.

En un contexto globalizado, altamente dinámico y en el cual la Ley de Moore se sigue cumpliendo casi 60 años después de ser enunciada, debería ser difícil de creer el hecho de que nos resulte un desafío utilizar las herramientas digitales para llevar a cabo actividades tan comunes como el trabajo y la educación. Por eso es que, a mi entender, esta situación nos ofrece la inmejorable oportunidad de acabar con una gran parte de los mitos y falsos truismos que han rodeado al teletrabajo y a la educación a distancia desde la concepción de tales ideas.

Basándonos en las experiencias compartidas por grandes compañías y escuelas de todo el mundo, y teniendo como pilar fundamental un nivel de acceso a la tecnología y funcionalidades que hubiesen sido impensables hace 10 e incluso 5 años, este es el momento de implementar nuevas herramientas digitales a nuestros entornos laborales.

¿Por donde debemos comenzar?

Independientemente del tipo/grado de virtualización del trabajo que logremos en este contexto, lo más importante es entender que la adopción de estas modalidades no es una acción paliativa, sino el catalizador de un proceso de evolución que permitirá mejorar la calidad del trabajo y la enseñanza a partir de las nuevas alternativas y posibilidades que tenemos al alcance de un par de clicks.

Nos queda, sin dudas, mucho por discutir cuando las cosas empiecen a volver a la normalidad: ¿cuál es la combinación adecuada entre las modalidades presenciales y virtuales? ¿dónde debemos trabajar para facilitar la incorporación de herramientas digitales? ¿dónde debemos reconocer el invaluable aporte de la proximidad física como un factor trascendental e irremplazable de acuerdo al estado actual de la tecnología? Sin dudas el COVID-19 en el trabajo y la educación llegó para revolucionarlos.

Nuestra cuarta (y última) nota de esta serie apuntará a dar algunas ideas para disparar dichas discusiones, presentando herramientas que permitan medir y entender mejor el impacto que la digitalización tiene en nuestras tareas y lugares de trabajo, con el objetivo de entender qué cosas hemos hecho bien y debemos mantener y, sobre todo, qué cosas no hicimos tan bien y deberíamos mejorar en el futuro.

Esperamos que estos contenidos les sean de utilidad a partir de hoy, y durante mucho más tiempo de lo que dure la pandemia.


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Escrito por:
Juan Ignacio Contreras
Consultor en Operaciones y Procesos
Docente en Universidad Torcuato di Tella y en Universidad Nacional de La Plata

 

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